Tu vida en 65 minutos

jueves, 15 de enero de 2009

Porqué te quiero en 65 palabras...



Te quiero porque creo que entiendes como soy
Te quiero porque a ti te puedo contar lo que a nadie le puedo contar
Porque puedo sentir que mi vida a tu lado cobraría sentido y dejará de ser vacía
Te quiero porque me preguntaste cuantos años tenía cuando murió mi padre, y eso nadie me lo había preguntado jamás. 
Te quiero tanto que me gustaría...

-¿Qué te gustaría?
- No sé, no lo he podido escribir. Se me agotaron las palabras, 65 son  muy pocas, ¿no?
- Sí, son pocas. 

lunes, 29 de diciembre de 2008

Noviembre



Empujado por un espíritu que todavía conserva su barniz de idealismo,
Alfredo, decide crear "un arte más libre, hecho con el corazón,
capaz de hacer que la gente se sienta viva".

Su concepto del teatro empieza más allá del escenario,
se traslada a pie de calle, cara a cara con el público.
Allí en una plaza cualquiera, en un parque
o en la avenida más comercial de la ciudad,
Alfredo y su grupo Noviembre, comienzan la función:
diablos que provocan a los transeúntes,
actuaciones de denuncia social,
acciones llevadas al extremo
de poner en alerta a las fuerzas del orden público.
No hay límites ni censuras,
sólo hay ideas y todas valen si son capaces de conseguir
que el espectador deje de ser espectador
y pase a formar parte de la representación;
se sorprenda, se asuste, ría o llore.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Martín (Hache)



Dante: Siempre hay que seguir, aunque sólo sea por curiosidad… Vale, ya has encontrado a alguien que te cree. ¿Qué hay de la droga? Puedes decir lo que quieras, sin vergüenza, estás hablando con un adicto. ¿Estás enganchado?

Hache: ¡Para nada! Algún porro, algo de merca cuando me invitan. Si hay, no digo que no, me gusta, pero no me vuelvo loco por conseguir algo.

Dante: Y ¿compras con frecuencia?, ¿una vez al mes?, ¿una vez a la semana?

Hache: Yo no compro, nunca compré.

Dante: Vale. Bueno, perdona, pero me estoy meando. Tengo de todo. Ahora cuando vuelva hago unas rayitas, pero si tu padre se entera, me corta las pelotas. Un poco no hace daño, al contrario, pero ¿quién se lo explica? Y que quede claro una cosa, ¡eh!: es sólo por hoy como regalo de bienvenida. No. No me vuelvas a pedir. No soy tu dealer.

Dante: Algunas te dan placer, pero no todas. Te pueden dar pánico o hacerte sentir una angustia insoportable. Yo no soy un adicto, Hache. Digo que soy un adicto para escandalizar a los pacatos, pero no es verdad. Me apasionan las drogas, he probado todas las que he podido conseguir. ¡Coño! Me fui a México nada más que para conocer el peyote; pero nunca lo he hecho para buscar el placer o para ser feliz o para no afrontar la vida. Las drogas son maravillosas porque te abren la mente, te hacen comprobar que la verdad no existe, que todo es relativo. La droga te da otra visión, otra dimensión, te hace ver que nada es lo que parece, que nada es. La única realidad es tu realidad y será lo que tú seas capaz de ver. Cuando te llegue el momento de probarlas no tengas miedo: eres un lúcido, eres inteligente, tienes el deber de hacerlo. Eso sí, no pierdas nunca el control. Mientras tú las controles no hay peligro, que no te controlen ellas a ti. Yo estuve enganchado con el caballo, con la heroína, y por poco no salgo. Lo dejé todo, me fui de Madrid, pasé seis meses en el infierno, pero pude salir: la mayoría no sale. Si te ofrecen, porque te van a ofrecer, ni se te ocurra aceptar, la mezclan con cualquier cosa, puedes palmar en un segundo. Si quieres probarla, lo harás conmigo, pero sería mejor si no lo hicieras… es demasiado buena. Además, no lo haría sin que lo supiera tu padre y no creo que él esté de acuerdo. Hache, ¿te importa volver solo al apartamento?

martes, 9 de diciembre de 2008

Báilame el agua














Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto
Sácame de quicio, hazme sufrir...
Ponme a secar como un trapo mojado.
Lléname de vida líbrame de mi estigma
Llámame tonto.
Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora.
No me arrastres. No me asustes
Vete lejos...pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Toca mis ojos
Nota la textura del calor
¿Por cuánto te vendes?
Píllate los dedos
Y deja que te invite a un café.
Caliente claro
Y sin azucar... sin aliento